En determinados momentos vemos lo opuesto de lo que realmente es cortesía, porque nos desagrada y molesta.
Por ejemplo, cuando estamos en la oficina y llama el jefe a un compañero, inmediatamente los demás nos ponemos en alerta y hacemos congeturas.
“Supuestamente” lo van a despedir, o lo bajarán de puesto y de sueldo... me alegro porque siempre se ha creido muy inteligente y que lo sabe todo, de alguna manera me voy a enterar!
Cada uno le observamos detenidamente a su regreso, la curiosidad nos está matando. Con su sonrisa de oreja a oreja llega corriendo. Todos quedamos desconcertados con la “buena nueva”, lo ascendieron y le doblaron el sueldo, ahora será el jefe de nuestra oficina.
Estamos laborando en una empresa, lo principal es tener respeto por cada uno.
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Seamos fieles, colaboradores, creativos con la compañia; tratemos a nuestros compañeros como queramos que nos traten a nosotros.
Si siente que no está recibiendo el reconocimiento y el trato adecuado, simplemente tome cartas en el asunto y desista de continuar trabajando.

Creo que con demasiada frecuencia, tanto mujeres como hombres, caen en otra gran descortesía, “pasarse de copas”.
Es muy desagradable salir con una persona sea a un restaurante, fiesta o reunión de amigos y no tenga control cuando toma.
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Al día siguiente no se acuerda del ridículo que hizo, posiblemente utilizó palabras inadecuadas, o se cayó y los amigos tuvieron que salir antes de tiempo que deseaban permanecer.
Lo peor es que en muchas ocasiones quieren manejar, sin estar en los cinco sentidos y lo que pueden ocasionar es un accidente, una trajedia. Si estamos dispuestos a beber, hágalo en su propia casa y tenga en cuenta a los demás, no sea que siendo un mal anfitrión, salgan corriendo los invitados, respetelos. Si salimos a cualquier lugar y no nos sentimos bien, entreguemos las llaves.
Por:
Ana Cecilia Vasquez

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